   `From Cyber-Autonomism to Cyber-Populism: An Ideological Analysis of
   > the Evolution of Digital
   Activism <https://www.triple-c.at/index.php/tripleC/article/view/773>`__
   publicado en Triple-C Volumen 15. Traducido y liberado bajo licencia
   de producción de pares con permiso del autor.

Introducción
------------

“Activismo digital” es un término ampliamente utilizado para describir
distintas formas de activismo que se sirven de la tecnología digital
pero que han sido atravesadas por una rápida transformación desde su
emergencia en el amanecer de la Internet. En la actualidad es posible
identificar dos grandes olas. La primera corresponde con la
popularización temprana de la Internet y el auge de la Web a mediados de
los ’90. Esta ola abarcó una cantidad de proyectos e iniciativas
impulsadas por las activistas de la tecnología y los medios alternativos
que se enmarcaban en el movimiento anti-globalización, incluyendo el
sitio de noticias alternativas *Indymedia*, así como las listas de
correo alternativas, algunos grupos de hackers (o *hacktivistas*) y
laboratorios hacker (o *hacklabs*). La segunda ola coincide con el auge
de la así llamada *Web 2.0*, los sitios de redes sociales como
*Facebook*, *YouTube* y *Twitter*, que fueron acompañadas por el
surgimiento de los famosos colectivos hacker *Anonymous* y *Lulzsec*,
así como por el “activismo de medios sociales” del 15M, *Ocuppy* y otros
movimientos de las plazas, cuyas organizadoras utilizaron los sitios de
medios sociales como plataformas para la movilización de masas. ¿En qué
medida estas dos fases del activismo digital son simples reflejos de la
evolución de la tecnología digital y del salto de la *Web 1.0* a la *Web
2.0* (como usualmente se las describe)? ¿Debemos entender sus
diferencias como derivadas de los cambios en las posibilidades
materiales de una tecnología digital en un momento de rápida innovación
o hay que agregar algo más a la ecuación?

Hasta el momento, el debate sobre la transformación del activismo
digital ha tendido a seguir la típica tendencia tecno-determinista que
considera a la tecnología como la causa última de la transformación
social. Esta concepción es sostenida por la popularidad que han tomado
términos como “revolución 2.0” (Ghonim, 2012), “wiki-revolución” (Ferron
& Massa, 2012) o “twitter-revolución” (Morozov, 2009), utilizados
ampliamente en los medios y estudios académicos para referirse a los
movimientos de protesta que se sirven de la tecnología digital. La
racionalidad subyacente en estas expresiones es que la adopción de un
cierto tipo de plataforma, como *Facebook* o *Twitter*, define
automáticamente la forma de activismo que se manifiesta a través de
ellas. Este abordaje proviene de una visión simplista de los efectos de
la tecnología, profundamente enraizada en la teoría de medios de McLuhan
y su famosa frase “el medio es el mensaje” (McLuhan, Gordon, Lamberti, &
Scheffel-Dunand, 2011; McLuhan & Fiore, 1967), según la cual el uso de
un determinado dispositivo tecnológico resulta en una serie de
consecuencias inevitables. La escuela de la ecología de medios, basada
en las obras de McLuhan tiene cosas muy importantes para decir sobre la
forma en que la tecnología estructura la acción, por ejemplo la forma en
que las diferentes tecnologías de la comunicación (como el teléfono, la
TV o Internet) traen consigo distintas arquitecturas comunicacionales
(una-a-una, una-a-muchas, muchas-a-muchas) y diferentes disposiciones
para las usuarias de esas tecnologías (Lundby, 2009; Postman, 1985). Sin
embargo, tiende a descuidar los factores no-tecnológicos –los
socio-económicos, políticos y culturales– que intervienen en la
definición del contenido del activismo. Para superar esta visión
simplista de la tecnología como una fuerza no-mediada capaz de dar su
propia forma a las estructuras organizacionales y las prácticas de
protesta, el análisis del activismo digital necesita recuperar una
comprensión de la ideología, entendida como una cosmovisión y un sistema
de valores que da forma a la acción colectiva y de cómo la ideología
interactúa con la tecnología para dar forma a las prácticas activistas.

Siguiendo este abordaje, en este artículo desarrollo una periodización
del activismo digital que se centra alrededor de dos olas, cada una con
sus características ideológicas y sus orientaciones “tecno-políticas”
propias –para usar el término introducido por Rodotà para describir el
nexo entre la política y la tecnología–, adoptado tanto por activistas
como por investigadoras. Para este fin tomaré elementos de mi trabajo
previo (2012, 2016) en el movimiento de las plazas del 2011 y otros
movimientos posteriores.

El argumento puede ser resumido esquemáticamente así: las activistas
anti-globalización adoptaron un abordaje tecno-político al que describo
como ciber-autonomista, enraizado en la contra-cultura de los ’70 y ’80,
la cultura DIY y la tradición de los medios alternativos, desde las
radios pirata hasta los *fanzines*. Estas diferentes inspiraciones
compartían un énfasis en la lucha por la liberación de las personas y
las comunidades locales de la interferencia de las instituciones de
mayor escala. Con estos antecedentes, el ciber-autonomismo tomó la
Internet como un espacio autónomo. El movimiento de las plazas, en
cambio ha adoptado una actitud ciber-populista que ve a la Internet como
un espacio de movilización de masas donde las personas individuales se
unen en una subjetividad inclusiva y sincrética. Este abordaje refleja
el giro populista que ha marcado el movimiento de las plazas, como la
adopción de un discurso del pueblo o del 99% contra las élites
(Gerbaudo, 2017).

Estas dos orientaciones tecno-políticas reflejan el proceso de evolución
tecnológica que fue desde la más elitista *web 1.0*, a la masificada
*web 2.0* con sus sitios de redes sociales. Pero para analizarlas no es
cuestión de reducirlas a la mera transformación tecnológica. También
hace falta abarcar una pluralidad de otros factores y tomar en cuenta el
cambio abismal en las actitudes y percepciones causadas por la crisis
financiera de 2008 y los desarrollos ideológicos relacionados. En
paralelo al giro de los movimientos sociales del anarco-autonomismo al
populismo como forma dominante de la ideología contestataria, el
activismo digital ha transicionado de tomar a Internet como un espacio
de resistencia y contestación contra-cultural, hacia un espacio de
movilización contra-hegemónica.

El artículo comienza como una discusión teórica sobre los diferentes
factores involucrados en la transformación del activismo digital y en
particular, la relación entre tecnología, política y cultura. Se subraya
la necesidad de prestar más atención a los factores políticos,
culturales e ideológicos para comprender el activismo digital más allá
del tecno-determinismo que actualmente domina su cobertura. Intento
demostrar cómo los cambios ideológicos han dado forma a la
transformación del activismo digital, explorando la transición del
ciber-autonomismo al ciber-populismo y cómo se ha manifestado en algunos
ejemplos concretos. Concluyo con algunas reflecciones sobre las
implicancias de investigaciones futuras sobre el activismo digital,
enfatizando la necesidad de traer la ideología de vuelta al análisis de
los movimientos de protesta de la era digital.

La tecno-política más allá del tecno-determinismo
-------------------------------------------------

El activismo digital es una forma de activismo que pone en el eje de su
discusión la relación entre política y tecnología. Para hacer uso de un
término en boga entre las activistas e investigadoras en los últimos
años, se trata de la naturaleza y la dinámica de la “tecno-política”. La
tecno-política es un término acuñado por el político y académico
italiano Stefano Rotodà (1997) para referirse al nexo entre la política
y la tecnología y desde entonces ha sido popularizado por académicas
activistas como Javier Toret (2013) en España, para definir el nuevo
campo de análisis que enmarca el activismo digital. Al referirnos a los
dos conceptos constitutivos de la tecno-política, podemos argumentar que
hasta este momento los estudios sobre el activismo digital se han
enfocado excesivamente en la tecnología antes que en la política. Las
académicas han tendido a leer la transformación política como el
resultado de la transformación tecnológica, por lo tanto soslayando que
lo inverso también es apropiado, es decir que los cambios políticos e
ideológicos modifican la forma en que la tecnología es concebida y
utilizada.

La naturaleza tecno-determinista de gran parte de la academia
contemporánea sobre el activismo digital propone que la naturaleza de
esta forma de activismo se deriva directamente de propiedades
específicas de la tecnología. Esto puede verse en el debate sobre los
efectos de la cobertura mediática sobre el activismo digital. Un ejemplo
es el libro de Earl y Kimport (2011) y la forma en que aborda los medios
digitales como un grupo de aparatos que reducen los costos de
participación y por lo tanto facilitan nuevas formas de interacción que
anteriormente eran imposibles. En sintonía con gran parte de la
literatura proveniente de las ciencias políticas, esta perspectiva
propone una comprensión instrumental y económica de los efectos de los
medios, como puede verse en el lenguaje de los “costos” y “beneficios”
que utilizan para explicar el uso de la tecnología digital. Este
abordaje explica las ventajas prácticas de la tecnología digital para
las activistas, pero omite la dimensión simbólica y cultural del
activismo digital, empezando por el mismo contenido de aquello que es
canalizado a través de esta tecnología. Puede hacerse una crítica
similar de la obra de Lance W. Bennett y Alexandra Sederberg. Su teoría
describe una “acción conectiva” (Bennett & Segerberg, 2012) en oposición
a la noción de la acción colectiva. Argumentan que los *social media*,
con su capacidad de promover la conectividad, superan la lógica
colectiva de los movimientos sociales anteriores y su necesidad de
liderazgo e identidad colectiva (Bennett & Segerberg, 2012). Gracias a
la tecnología digital, los movimientos pueden volverse más
personalizados y menos controlados por centros organizacionales. Pero lo
que se soslaya en este contexto es que la aplicación liberadora de la
tecnología digital está muy lejos de ser el resultado inevitable. Las
potencialidades de la tecnología digital pueden volverse hacia objetivos
políticos totalmente distintos y acoplarse a diferentes formatos
organizacionales. Resulta suficiente pensar, por ejemplo, que fenómenos
políticos tan dispares como *Occupy Wall Street* y la campaña
presidencial de Donald Trump se han servido tan eficientemente de los
*social media*, aun en formas y estructuras organizacionales
radicalmente distintas.

Este elemento tecno-determinista también se encuentra presente en la
obra de Manuel Castells. Para ser justas, el registro de Castells tiene
muchos más matices que los puramente estructuralistas que provienen del
resto de las ciencias políticas. Esto es así porque Castells trabaja
desde la tradición sociológica y su abordaje también toma en cuenta los
factores culturales que se ponen en juego en la Internet y el activismo
digital. A diferencia de otras autoras, no ve a la tecnología como un
monolito todopoderoso, sino también como un producto social y cultural.
Desde este punto de vista, Castells ha argumentado que un factor
importante para comprender la cultura digital es la influencia del
espíritu libertario de los movimientos de protesta de los ’60 y ’70 y la
forma en que inspiraron la arquitectura distribuida de la Internet
(Castells, 2004). Sin embargo, su teoría de la sociedad red y su visión
sobre la tecnología digital como apartándose de la estructura piramidal
de la sociedad fordista hacia unas estructuras de red apropiadas a la
sociedad de la información todavía contiene algunos elementos
tecno-deterministas. La tecnología provoca un cambio “morfológico” que
atraviesa a toda la sociedad y tiene consecuencias en todos los campos y
organizaciones que adoptan la tecnología digital. Esta perspectiva sin
duda contiene un elemento de verdad, pero parece omitir la flexibilidad
con la que los procesos organizacionales son influenciados. Es un error
asumir que la tecnología digital tiende a erosionar las jerarquías. Como
he demostrado en mis obras anteriores, el activismo digital no es un
espacio horizontal sin líderes, sino que está acompañado por nuevas
formas de liderazgo (2012, 2016).

Esta tendencia también puede observarse en las obras de Castells sobre
los *social media*. Castells argumenta que la difusión de *social media*
como *Facebook* y *Twitter* ha transformado la comunicación en Internet
e introducido una nueva lógica mediática a la que describe como
“auto-comunicación de masas” (Castells, 2009), que combina la lógica de
la auto-comunicación de los medios personales, una-a-una, como el
teléfono, con las masas y la capacidad una-a-muchas de los medios
masivos. Según Castells, esta lógica comunicacional estuvo en la base de
los movimientos del 2011 como los indignados, *Occupy* y la primavera
árabe y contribuyó fuertemente a su alcance masivo (Castells, 2012).
Esto ciertamente provee razones poderosas para comprender la forma en
que la segunda ola del activismo digital ha superado las políticas
minoritarias de la primera ola. Los *social media* proveyeron las
condiciones técnicas necesarias para que emerjan las nuevas formas de
activismo. No obstante, Castells tiende a omitir cómo han convergido
factores ideológicos y políticos en este cambio. Como veremos en el
curso de este artículo, sin un cambio ideológico las nuevas
oportunidades de movilización de masas ofrecidas por los *social media*
no hubieran podido ser cosechadas por los movimientos de protesta.

La obra de Jeffrey Juris, antropólogo y alumno de Manuel Castells, ha
seguido una línea similar de razonamiento, leyendo la transformación del
activismo como resultado de la transformación tecnológica. En su
influyente libro *Networking Futures* [Los futuros en red] (2008), Juris
argumenta que el movimiento anti-globalización se basaba en un
imaginario de la red que constituyó la inspiración clave de una cantidad
de proyectos de activismo digital que emergieron en ese tiempo,
incluyendo el sitio de noticias alternativo *Indymedia* y las listas de
correo alternativas utilizadas por las activistas para organizar
actividades y campañas específicas. En su obra sobre el movimiento de
las plazas de 2011, Juris dice que esta ola tuvo una lógica diferente a
la de la anti-globalización. Argumenta que hubo un cambio de una lógica
de red de las activistas anti-globalización hacia lo que describe como
una “lógica de agregación”. Esta transformación deriva de la evolución
de la *Web 1.0* hacia la *Web 2.0* y esta lógica de agregación refleja
las nuevas potencialidades de difusión masiva de las plataformas de
*social media*. Esta lógica es apoyada por la “viralidad”, es decir la
capacidad para la difusión rápida permitida por las redes sociales
corporativas como *Facebook* y *Twitter*. Esta capacidad ha sido
trasladada físicamente a las plazas ocupadas de 2011, rebosantes de
grandes multitudes (Juris, 2012). El inspirador análisis de Juris provee
algunas ideas interesantes sobre el apuntalamiento tecnológico que
encontramos en la transformación de las tácticas de protesta. Aun así,
omite cómo este cambio en la forma de protestar también está basado en
cambios significativos en la cultura e ideología de las protestas.

Recuperando la cultura de la protesta
-------------------------------------

Mientras estos abordajes están en lo cierto al identificar la influencia
que juega la tecnología en la política contemporánea, a menudo tienden a
adoptar una posición reductivista en esta relación causa-efecto, donde
un cierto tipo de arreglo tecnológico lleva automáticamente a una cierta
lógica de acción y se presta poca atención al proceso de mediación
política o cultural que interviene en los diferentes ejemplos concretos
de activismo digital. En efecto, el activismo digital no es solo un
fenómeno técnico, es un fenómeno. Es una actividad que involucra la
comunicación de ciertos mensajes, ideas, imágenes y por lo tanto está
compuesto no solo de una dimensión tecnológica, sino también de una
cultural. La naturaleza cultural, así como más generalmente política,
del activismo digital debe ser tomada en cuenta para comprender por qué
se ha desarrollado de esta manera y por qué ha cambiado a través del
tiempo. Para superar el sesgo tecno-determinista de los debates
contemporáneos es necesario prestar atención a la compleja imbricación
de la política, la cultura y la tecnología, con referencias específicas
a a) la autonomía relativa de la política respecto de la tecnología; b)
el carácter simbólico y no solo material de los procesos tecnológicos;
c) el rol de la tecnología como mediadora de relaciones sociales y
formas de vida que no pueden ser reducidas a la tecnología misma.

En primer lugar, un problema clave en los abordajes tecno-deterministas
es la forma en que la tecnología es vista como una variable
independiente siempre obligada a determinar la lógica de acción de los
movimientos sociales y en consecuencia dirigirla en una cierta
dirección. Este acercamiento descuida lo que puede describirse como “la
autonomía relativa de los procesos políticos y culturales de la
tecnología”, es decir la forma en que la cultura y la política son
influenciadas pero no reducibles a la tecnología. La tecnología no
define por sí misma el activismo, sino que el activismo está siempre
informado por los contenidos culturales que canaliza, por las ideas,
imágenes, puntos de vista que promueve. Una cantidad de obras recientes
ilustran este punto.

En su libro *CyberLeft* [CiberIzquierda], Wolfson observa el movimiento
anti-globalización y su uso de los medios digitales y resalta cómo las
prácticas asociadas son acompañadas por un *ethos* y “lógica cultural”
que aborda la Internet no solo como una herramienta sino también un
espacio de solidaridad donde luchas diferentes pueden unirse (2014).
Barassi y Treré argumentan de forma similar que además de la evolución
tecnológica resulta importante tomar en cuenta la experiencia vivida por
las activistas que utilizan esas tecnologías y la forma en que
deconstruyen presunciones acerca de la naturaleza y el propósito de la
tecnología (2012). Coleman argumenta que el *hacking* no es solo una
práctica técnica, también es social y conlleva éticas y estéticas
específicas, es decir aspectos que son influenciados por la tecnología
pero que no pueden ser reducidos a ellos (2013). Esto puede observarse
en la forma en que las grupas hacker construyen su propio lenguaje y
simbología, cuyo epítome es la máscara de *Anonymous*, tomada de la
película de culto *V for Vendetta* [V de Vendetta]. Por lo tanto es
necesario prestar atención no solo a los dispositivos técnicos usados
por las activistas, sino también a los contenidos culturales que
canalizan a través de esas tecnologías.

En segundo lugar, es importante tomar en cuenta el hecho de que la
tecnología no es solo un aparato material, una estructura técnica o
instrumental con propiedades determinadas. Es también un objeto
simbólico con significados y usos culturales asociados. Este es un
aspecto que ha sido ampliamente documentado en la literatura sobre la
domesticación de los medios y la tecnología (Berker, Hartmann, & Punie,
2005) y en los estudios culturales sobre ciencia y tecnología (Menser &
Aronowitz, 1996; Van Loon, 2002). Las académicas han mostrado que las
tecnologías pueden asociarse a diferentes significados dependiendo de
los contextos sociales y culturales que las utilizan. Como demuestra
Kavada, el activismo digital refleja las propiedades de la Internet como
conjunto de dispositivas técnicas y también a las culturas que han
emergido dentro suyo, como la cultura hacker (2013). La Internet no es
solo una tecnología, también es un espacio cultural y resulta difícil
separar ambos aspectos. Esto llama a la necesidad de explorar el rol que
juegan las distintas culturas y subculturas de Internet y su influencia
sobre el activismo digital.

En tercer lugar, deberíamos evitar tener una visión instrumental de la
tecnología en tanto herramienta en sí misma y en su lugar apreciar la
forma en que la tecnología media relaciones sociales, ya que en última
instancia es la forma más importante en la que la tecnología tiene un
efecto sobre los fenómenos sociales. Este abordaje es central al que
hicieron Marx y Engels de la tecnología industrial. Lo que importaba no
solo era la forma en que habilitó nuevas formas de producción, también
era el hecho de que materializó una relación de opresión, el de la
burguesía sobre el proletariado (s. f.). El análisis tecno-determinista
tiende a suspender este aspecto, pasando por alto el hecho de que la
tecnología es una mediadora de cierta relación social, ya sea de
opresión, liderazgo o cooperación. Aún más, pasa por alto la forma en
que la tecnología se incrusta en ecologías sociales más amplias (no solo
de la comunicación) y en las relaciones sociales que se establecen
dentro de estas.

Lim ha demostrado cómo la efectividad de los *social media* para
circular información relevante a los movimientos de protesta que
eventualmente llevaron a las protestas en la plaza Tahrir en 2011 fue la
presencia de densas redes sociales *offline*. Esto está ejemplificado en
la forma en que las taxistas del Cairo facilitaron la circulación de
información a través del boca a boca, repitiendo lo que habían escuchado
decir a pasajeras anteriores sobre “lo que se anda diciendo en
*Facebook*” (2012). Los efectos de la tecnología dependen entonces de lo
que permiten y también de las relaciones sociales y las formas de vida
en las que se enredan. Este aspecto resalta la necesidad de apreciar la
incrustación de la tecnología en diferentes comunidades culturales y la
forma en que el uso tecnológico depende de las costumbres, valores y
normas que esas comunidades adoptan.

Estas críticas piden por un abordaje matizado de la relación entre
tecnología y política, que trate sobre cómo la tecnología influencia la
política y como a su vez la política influencia a la tecnología. La
forma de alcanzar este objetivo es resucitar la noción de ideología,
entendida en un sentido neutral como un sistema de valores y creencias
adoptado por actoras políticas y sociales que les permiten actuar
colectivamente. Ideología es un término que provee una forma de explorar
la compleja imbricación de factores políticos, culturales y sociales que
junto a la tecnología influencian cómo se practica el activismo digital.

Algunas académicas han comenzado a explorar cómo las diferentes
prácticas tecnológicas conllevan sus propias ideologías. Por ejemplo,
Turner argumenta que el desarrollo de la ciber-cultura estuvo basado en
la ideología del tecno-utopismo y el tecno-libertarianismo [1]_, a su
vez influenciadas por la contra-cultura de los ’70 y ’80, poniendo
énfasis en la auto-realización individual y la sospecha en las
instituciones de gran escala (2010). Barbrook y Cameron argumentaban que
el auge de la economía digital en los ’90 manifestaba una ideología
rudimentaria que describieron como la ideología californiana: una
cosmovisión tecno-\ *libertarian* asociando *yuppies*\ [^yuppie] con
*hippies* (1995). Un elemento ideológico es claramente visible en los
*social media*, que no son solo un conjunto de aplicaciones con una
determinada capacidad material. Como otros medios, poseen sus propias
ideologías mediáticas (Gershon, 2010). En este caso, lo que podríamos
llamar “la ideología de los *social media*” se manifiesta en el lenguaje
de compartir, de explotación multitudinaria [*crowd-sourcing*], de
solicitudes de amistad y colaboración que han introducido [Fuchs
(2013);Lovink (2011);van-dijck-2013]. Sobre esta literatura acerca del
nexo entre tecnología e ideología, desarrollo una periodización del
activismo digital separada en dos olas con características ideológicas
distintivas y “orientaciones tecno-políticas” conectadas, es decir
formas ideológicas distintas de concebir la relación entre política y
tecnología.

De 1990 al 2010: El activismo digital desde la contra-cultura a la contra-hegemonía
-----------------------------------------------------------------------------------

Al poner la transformación del activismo digital a través de la lente de
la ideología podemos apreciar la forma en que los factores políticos y
culturales se combinan con los tecnológicos para dar forma al contenido
de varias formas de activismo que se canalizan a través de los *social
media*. Al ser una forma de activismo profundamente entramada con la
tecnología, el activismo digital refleja la naturaleza y la
transformación del ecosistema de comunicaciones digitales (Treré, 2012).
Sin embargo, esta influencia tecnológica es “filtrada” por una cantidad
de factores políticos y culturales y más específicamente “orientaciones
tecno-políticas” que determinan cómo una cierta tecnología es concebida
y utilizada. Esta concepción de la tecnología que describo con el
término orientación tecno-política tiene un carácter altamente
ideológico ya que involucra el punto de vista de los valores sobre
Internet y su rol en la sociedad y la política. Sus consecuencias
también son ideológicas, ya que son guías para la acción colectiva.

Siguiendo esta línea de pensamiento necesitamos explorar cómo los
procesos evolutivos del activismo digital que normalmente se entienden
como simples frutos de la evolución de la tecnología de hecho reflejan
un cambio en la ideología de los movimientos de protesta y su posición
tecno-política. Este puede verse más claramente en el “activismo 1.0”
seguido por el “activismo 2.0” en paralelo con la transición entre “web
1.0” y “web 2.0” y reflejando el cambio tecnológico y sus capacidades.
Resulta obvio que hay algo de verdad en este paralelismo. No obstante,
intentaré demostrar que las causas de esta transformación son más
complejas y no pueden ser reducidas solo a factores tecnológicos. En
efecto, además de coincidir con dos olas de la evolución tecnológica,
estas dos olas de activismo digital también coinciden con dos fases de
movilización de movimientos sociales cada cual con sus propias
características.

Estas dos fases de protesta son el movimiento anti-globalización
alrededor del cambio de milenio y el movimiento de las plazas de 2011.
Estos dos movimientos de protesta comparten muchas similaridades, al
punto que algunas activistas ven al segundo como continuación del
primero. Al mismo tiempo estas olas han expresado orientaciones
ideológicas diferentes que reflejan el cambio en la situación social y
política desde el arribo de la crisis económica del 2008 y por lo tanto
se convierten en casos de estudios interesantes para un análisis
comparativo. Mientras la ideología dominante del movimiento
anti-globalización era anarco-autonomista (o autonomista para
sintetizar) en tanto combinación del anarquismo y el autonomismo, el
movimiento de las plazas se ha caracterizado por la influencia del
populismo de izquierda (Gerbaudo, 2018). Este giro ideológico en los
movimientos sociales tiene un correlato con el cambio en la orientación
tecno-política de los movimientos sociales: el ciber-autonomismo en la
primera ola y el ciber-populismo en la segunda del activismo digital.

Una periodización ideológica del activismo digital
--------------------------------------------------

La transformación del activismo digital en las últimas décadas puede
esquematizarse como un movimiento desde los márgenes hacia el centro de
la arena política, desde una política contra-cultural de resistencia a
una política contra-hegemónica de movilización popular. Entonces,
mientras las formas tempranas de activismo digital concebían la Internet
como un espacio contra-cultural separado, la segunda ola del activismo
digital la aborda como parte de un *mainstream* político a ser ocupado
por protestantes (Gerbaudo, 2015). Por lo tanto, las primeras consideran
la Internet un santuario en el que las activistas pueden encontrar
respiro del caracter opresivo de la sociedad. En cambio, las segundas
consideran la Internet como una pieza fundamental de la sociedad
contemporánea, donde se manifiestan las mismas contradicciones, pero
también donde las activistas tienen la esperanza de desarrollar un
proceso de movilización masiva capaz de atraer, no solo a las personas
altamente politizadas, sino también a una sección significativa de la
población general.

Mi comprensión de la evolución del activismo digital y la presencia de
las dos olas es cercana a la de Karatzogianni, una académica de medios
que ha estado trabajando sobre el activismo digital desde los 2000.
Karatzogianni propone la existencia de cuatro olas (2015). La primera va
desde el ’94 al 2001 y coincide con la fase temprana del movimiento
anti-globalización, desde el levantamiento zapatista en México en el ’94
a las protestas en Génova que fueron violentamente aplastadas por la
policía durante el 2001. La segunda fase va desde el 2001 hasta el 2007
y comprende la segunda fase del movimiento anti-globalización y su
prominencia como movimiento político. Describe la tercera como la
“difusión del activismo digital” refiriéndose a su migración hacia
países del sur global, por fuera de Europa y Estados Unidos donde se
desarrolló originalmente. La cuarta y última fase es cuando el activismo
digital invade la política *mainstream*, con el auge de *Wikileaks*, los
levantamientos de la primavera árabe, las revelaciones de Snowden,
poniéndolo en el centro de los conflictos políticos y dejando de ser un
fenómeno marginal.

Sin embargo, mi análisis es más simple y solo se enfoca en dos fases
principales. Explica la transformación como resultado de cambios
ideológicos, que a su vez reflejan cambios en la situación
socio-política, opiniones y actitudes. Poner el foco en la ideología no
significa negar el rol que juegan los factores tecnológicos, en
particular el giro de la web 1.0 basada en sitios estáticos hacia la web
2.0 con sus redes sociales. Más bien sugiere que el impacto tecnológico
no puede ser entendido desde una perspectiva meramente instrumental,
sino que necesita abarcar una comprensión del cambio cultural que es
facilitado e influenciado por la tecnología, pero no reducible a ella.
Este abordaje puede aplicarse a las dos fases diferentes que se han
identificado en este análisis: el movimiento anti-globalización y el
movimiento de las plazas.

El movimiento anti-globalización se desarrolló alrededor del cambio de
milenio y se manifestó en una serie de protestas de gran escala contra
las instituciones ecónomicas globales como el Banco Mundial, la
Organización Mundial del Comercio y las reuniones del G8. Fue un
movimiento multifacético que abarcó corrientes ideológicas dispares como
sindicatos, grupos troskistas, ambientalistas, ONGs tercermundistas y
organizaciones religiosas. Sin embargo, su núcleo y especialmente las
facciones más jóvenes estaban formados profundamente en el autonomismo y
el anarco-autonomismo, una ideología híbrida inspirada en el movimiento
anarquista y marxista posterior al ’68, marcada por un fuerte espíritu
anti-autoritario y anti-estatista. Esta ideología se enfocaba en un
proyecto político autónomo, alejándose del estado y el mercado para
intentar construir un espacio auto-gobernado de “lo común”. El
movimiento de las plazas se ha volcado en cambio hacia el populismo de
izquierda, o más específicamente hacia una tendencia del populismo que
llamo *ciudadanismo*, es decir un populismo ciudadano, antes que un
populismo del pueblo. Esta ideología se centra en una recuperación desde
las bases de la democracia y las instituciones políticas por partes de
las ciudadanas comunes, empezando por reunirse en el espacio público y
los *social media*. Anhela la construcción de una democracia radical que
permita una participación más auténtica que la que ofrecen las corruptas
instituciones democráticas liberales.

Como veremos, esta oposición entre anarco-autonomismo y populismo es
similar a la oposición entre ciber-autonomismo y ciber-populismo como
orientaciones tecno-políticas dominantes de las dos olas del activismo
digital. La forma en que las activistas conciben y utilizan la Internet
refleja su cosmovisión general, su actitud frente al estado, la política
y la población general, con sus opiniones y actitudes prevalentes.

Anti-globalización y ciber-autonomismo
--------------------------------------

Comencemos por el movimiento anti-globalización y su activismo digital.
Las activistas anti-globalización persiguieron lo que puede llamarse una
estrategia “ciber-autonomista” que veía a la Internet como un espacio
donde construir islas de resistencia por fuera del control del estado y
el capital. Como el nombre sugiere, esta lógica comunicacional se
revolvía en la idea de crear espacios autónomos de comunicacion dentro
de la Internet, fuera de una sociedad controlada por el capital y el
estado. Como propuse anteriormente (Gerbaudo, 2014), las activistas
estaban convencidas de que la construcción de infraestructura de
comunicación autónoma era una condición fundamental para una
comunicación alternativa genuina (2014). Basándose en la tradición de
los medios alternativos de los ’60 a los ’80, en un contexto de prensa
*underground*, cultura del *fanzine* y radios piratas, las activistas
técnicas esperaban usar la Internet para romper el monopolio de los
medios informativos corporativos, responsables de canalizar propaganda
neoliberal y silenciar cualquier punto de vista alternativo. Esta visión
fundaba un conjunto de iniciativas de medios alternativos que se
desarrollaron a finales de los ’90 y comienzos de los 2000 (Pickard,
2006).

La manifestacion más visible de esta estrategia fue *Indymedia*, la
primera iniciativa global de noticias alternativas con decenas de nodos
editoriales repartidos por el mundo. En el pico de las protestas
anti-cumbres, *Indymedia* se convirtió en la voz no-oficial aunque
semi-oficial del movimiento anti-globalización y también constituyó una
infraestructura organizacional fundamental para las manifestantes, con
nodos editoriales actuando a menudo como colectivas políticas
directamente involucradas en la organización de las campañas de
protesta. Además de *Indymedia*, los servicios alternativos de Internet
como *RiseUp*, *Aktivix* y *Autistici/Inventati* proveían las
necesidades de comunicación interna del movimiento. Estos grupos
proveyeron cuentas de correo electrónico personales seguras así como
listas de correo que permitían conversaciones agrupadas por temas, desde
organización de protestas a ocupas y permacultura. El imaginario
subyacente a estas actividades era el de “islas en la red”, como
expresaba el nombre de uno de los proveedores de Internet más
importantes de Italia. Las activistas pensaban la Internet como zonas
autónomas temporales descritas por Hakim Bey, un espacio que comprendía
islas temporales de un archipiélago rebelde fuera del control del estado
y el capital. La Internet era concebida como un espacio autónomo, donde
el movimiento podía encontrar un lugar solidario para desarrollar
acciones frente al ofrecido por la sociedad consumista dominada por la
hegemonía neoliberal. Esta es la razón por la que la actitud
tecno-política de esta fase también era fuertemente contra-cultural.
Veía a la Internet como un espacio donde cultivar una cultura
alternativa, claramente diferente de la cultura mayoritaria del momento,
considerada irremediablemente corrupta. Podría considerarse que el
movimiento de las plazas es la inversa de esta posición.

El movimiento de las plazas y el ciber-populismo
------------------------------------------------

El activismo digital del movimiento de las plazas se caracteriza en
cambio por una orientación tecno-política que he descrito como
“ciber-populista” (2014). Con esto defino una orientación tecno-política
que considera la web de masas compuesta por servicios de Internet
comerciales controlados por corporaciones monopólicas como *Facebook*,
*Google* y *Twitter* como un espacio que a pesar de sus sesgos
capitalistas inherentes necesita ser reapropiado por el activismo y cuya
capacidad de alcance masivo necesita ser domada y utilizada para otros
fines. Antes que crear una Internet alternativa –un espacio
comunicacional libre, auto-gobernado y no-comercial– las activistas
técnicas contemporáneas están más preocupadas por domar las capacidades
de alcance de las plataformas de redes sociales corporativas como
*Facebook* y *Twitter* y la cultura popular digital que ha emergido en
ellas.

Los ejemplos de esta tendencia ciber-populista abundan en la ola de
protestas del 2011, desde la página de *Facebook* de Kullena Khaled Said
en Egipto llamando a que cientos de miles de personas tomen las calles
al trabajo de las activistas en España, Grecia, Estados Unidos, Turquía
y Brasil, que usaron los *social media* como un medio de movilización
masiva. En lugar de intentar crear espacios alternativos, las activistas
digitales dentro de estos movimientos intentaron ocupar el *mainstream*
digital, apropiándose de los *social media* como plataformas del pueblo.

Esta estrategia lleva la marca de la ambición popular y mayoritaria de
la ola *Ocuppy* y el hecho de que estos nuevos movimientos no se
contentan con la construcción de espacios minoritarios de resistencia.
Al utilizar las plataformas de redes sociales corporativas, las
activistas invaden los espacios que saben no les pertenecen y sobre el
cual tienen poco control, pero lo hacen persuadidas de que es necesario
tomarlos para construir formas de movilización popular a medida de las
condiciones técnicas de nuestra era. En lugar de apuntar a crear zonas
autónomas temporales en la Internet como sus predecesoras, la nueva
generación de activistas digitales desean romper los guetos y reconectar
con el 99% de la población por la que luchan. Podría describirse esta
posición como más “oportunista” por cuanto intenta explotar las
oportunidades políticas que se desenvuelven en un espacio moralmente
ambiguo por su subordinación a la lógica del mercado. Sin embargo, este
elemento también ha permitido a estos movimientos ser exitosos y lograr
una magnitud movilizatoria que evidentemente supera la alcanzada por las
activistas anti-globalización.

Conclusión
----------

Para comprender la transformación del activismo digital es necesario
prestar atención no solo solo a los cambios en la materialidad de la
tecnología, sino también a los factores culturales, sociales y políticos
que dan forma a su comprensión y uso. Por eso resulta imperativo
recuperar la noción de ideología, entendida como el sistema de creencias
y valores que informan la cosmovisión activista en cualquier período
histórico.

Como he demostrado en este artículo las diferencias entre la primera ola
de activismo digital que se dio en el cambio de milenio y la segunda
entre el 2000 y el 2010, no solo han seguido la forma de la
transformación de la tecnología digital y el giro de la web 1.0 a las
plataformas de redes sociales de la web 2.0, sino también por cambios en
la ideología de estos movimientos conectados, en particular el cambio
del anarco-autonomismo del movimiento anti-globalización hacia el
populismo del movimiento de las plazas. Este giro ideológico se ha
traducido, en el contacto del activismo digital, en un giro del
ciber-autonomismo hacia el ciber-populismo, dos orientaciones
tecno-políticas con diferentes asunciones sobre el rol de la tecnología
digital tanto como medios y como espacios de lucha. Mientras el
ciber-autonomismo concibe la tecnología digital como un espacio autónomo
separado del estado y el capital, el ciber-populismo la concibe como un
espacio de encuentro y movilización popular.

Esta interpretación ideológica del activismo digital no ignora el rol
que juega la tecnología al dar forma a la acción colectiva. El activismo
digital ciertamente refleja la naturaleza de las capacidades
tecnológicas. Por ejemplo, el proceso de masificación de la web que se
dio en paralelo a la difusión de los *social media* explicaría el giro
desde una lógica minoritaria a una mayoritaria de movilización en el
activismo digital. Sin embargo, la transformación tecnológica no es el
factor determinante. Sus efectos en el contenido del activismo son
filtrados por narrativas ideológicas y cosmovisiones que contribuyen a
dar forma al modo en que las activistas conciben la Internet como un
campo de lucha político, un aspecto que puede capturarse en la noción de
“orientaciones tecno-políticas” utilizada en este artículo.

Lo que resulta necesario es por lo tanto investigación que pueda dar
mejor cuenta de las formas complejas en las que la ideología da forma a
las prácticas activistas y su contenido. Esta perspectiva permitiría
superar algunas de las superficialidades en las que incurren muchos de
los análisis contemporáneos del activismo digital y abordar mejor la
forma en que este activismo refleja los temas, actitudes y motivaciones
de los movimientos sociales conectados, aparte de los factores
tecnológicos.

Sobre el autor
--------------

Paolo Gerbaudo es un teórico político y cultural estudiando la
transformación de los movimientos sociales y los partidos políticos en
la era digital. Es el director del Centro por la Cultura Digital en el
*King’s College* de Londres y el autor de *Tweets and the Streets:
Social Media and Contemporary Activism* [Tuits y las calles: Los *social
media* y el activismo contemporáneo] (Pluto, 2012) y del próximo a
publicarse *The Mask and the Flag: Populism, Citizenism and Global
Protest* [La máscara y la bandera: populismo, ciudadanismo y protesta
global] (Hurts/OUP, 2017).

Bibliografía
------------

.. container:: references
   :name: refs

   .. container::
      :name: ref-barassi-trere-2012

      Barassi, Veronica, & Treré, E. (2012). Does Web 3.0 come after Web
      2.0? Deconstructing theoretical assumptions through practice. *New
      Media & Society*, *14*.

   .. container::
      :name: ref-barbrook-cameron-1995

      Barbrook, R., & Cameron, A. (1995). The Californian Ideology.
      *Science as Culture*, *6*, 44-72.

   .. container::
      :name: ref-bennett-sederberg-2012

      Bennett, W. Lance, & Segerberg, A. (2012). The Logic of Connective
      Action: Digital media and the personalization of contentious
      politics. *Information, Communication & Society*, *15*, 739-768.

   .. container::
      :name: ref-berker-hartmann-punie-2005

      Berker, Thomas, Hartmann, Maren, & Punie, Y. (2005).
      *Domestication of Media and Technology*. McGraw-Hill Education.

   .. container::
      :name: ref-castells-2004

      Castells, M. (2004). Informationalism, networks, and the network
      society: a theoretical blueprint. En M. Castells (Ed.), *The
      Network Society: a Crosscultural Perspective* (pp. 3-48).
      Northampton, MA: Edward Elgar.

   .. container::
      :name: ref-castells-2009

      Castells, M. (2009). *Communication power*. Oxford: Oxford
      University Press.

   .. container::
      :name: ref-castells-2012

      Castells, M. (2012). *Networks of Outrage and Hope: Social
      Movements in the Internet Age*. Cambridge: Polity Press.

   .. container::
      :name: ref-coleman-2013

      Coleman, E. G. (2013). *Coding Freedom: The ethics and aesthetics
      of hacking*. Princeton: Princeton University Press.

   .. container::
      :name: ref-earl-kimport-2011

      Earl, Jennifer, & Kimport, K. (2011). *Digitally Enabled Social
      Change: Activism in the Internet age*. Cambridge: MIT Press.

   .. container::
      :name: ref-ferron-massa-2012

      Ferron, Michela, & Massa, P. (2012). The Arab
      Springw̍ikirevolutions: Wikipedia as a lens for studying the
      real-time formation of collective memories of revolutions.
      *International Journal of Communication*, *5*.

   .. container::
      :name: ref-fuchs-2013

      Fuchs, C. (2013). Class and Exploitation on the Internet. *Digital
      Labor. The Internet as Playground and Factory*, 211-224.

   .. container::
      :name: ref-gerbaudo-2012

      Gerbaudo, P. (2012). *Tweets and the Streets: Social Media and
      Contemporary Activism*. London: Pluto Press.

   .. container::
      :name: ref-gerbaudo-2014

      Gerbaudo, P. (2014). Populism 2.0: Social media activism, the
      generic Internet user and interactive direct democracy. En C.
      Fuchs & D. Trottier (Eds.), *Social Media, Politics and the State:
      Protests, Revolutions, Riots, Crime and Policing in the Age of
      Facebook, Twitter and YouTube* (pp. 67-87). London: Taylor;
      Francis.

   .. container::
      :name: ref-gerbaudo-2015

      Gerbaudo, P. (2015). Protest Avatars as Memetic Signifiers:
      Political profile pictures and the construction of collective
      identity on social media in the 2011 protest wave. *Information
      Communication & Society*, *18*.

   .. container::
      :name: ref-gerbaudo-2016

      Gerbaudo, P. (2016). Rousing the Facebook Crowd: Digital
      enthusiasm and emotional contagion in the 2011 protests in Egypt
      and Spain. *International Journal of Communication*, *10*,
      254-273.

   .. container::
      :name: ref-gerbaudo-2017

      Gerbaudo, P. (2017). *The Mask and the Flag: Populism, Citizenism
      and Global Protest*. London, New York: Oxford University Press.

   .. container::
      :name: ref-gerbaudo-2018

      Gerbaudo, P. (2018). *Pirate Democracy: Net Parties and
      Interactive Mass Politics*. London: Pluto Press.

   .. container::
      :name: ref-gershon-2010

      Gershon, I. (2010). Media ideologies: An introduction. *Journal of
      Linguistic Anthropology*, *20*, 283-293.

   .. container::
      :name: ref-ghonim-2012

      Ghonim, W. (2012). *Revolution 2.0: The power of the people is
      greater than the people in power: A memoir*. Boston: Houghton
      Mifflin Harcourt.

   .. container::
      :name: ref-juris-2008

      Juris, J. S. (2008). *Networking Futures: The movements against
      corporate globalization*. Durham, NC: Duke University Press.

   .. container::
      :name: ref-juris-2012

      Juris, J. S. (2012). Reflections on Occupy Everywhere: Social
      media, public space, and emerging logics of aggregation. *American
      Ethnologist*, *39*, 259-279.

   .. container::
      :name: ref-karatzogianni-2015

      Karatzogianni, A. (2015). *Firebrand Waves of Digital Activism
      1994-2014*. London: Palgrave Macmillan UK.

   .. container::
      :name: ref-kavada-2013

      Kavada, A. (2013). Internet Cultures and Protest Movements: The
      cultural links between strategy, organizing and online
      communication. En Cammaerts Bart, Mattoni Alice, & P. McCurdy
      (Eds.), *Mediation and Protest Movements* (pp. 75-94). London:
      Intellect.

   .. container::
      :name: ref-lim-2012

      Lim, M. (2012). Clicks, Cabs, and Coffee Houses: Social media and
      oppositional movements in Egypt, 2004-2011. *Journal of
      Communication*, *62*, 231-248.

   .. container::
      :name: ref-lovink-2011

      Lovink, G. (2011). *Network Without a Cause: A critique of social
      media*. London: Polity Press.

   .. container::
      :name: ref-lundby-2009

      Lundby, K. (2009). *Mediatization: Concept, Changes,
      Consequences*. Bern: Peter Lang.

   .. container::
      :name: ref-marx-engels-2002

      Marx, Karl, & Engels, F. (s. f.). *The Communist Manifesto*.
      London: Penguin.

   .. container::
      :name: ref-mcluhan-gordon-lamberti-scheffel-dunand-2011

      McLuhan, Marshall, Gordon, W. Terrence, Lamberti, Elena, &
      Scheffel-Dunand, D. (2011). *The Gutenberg Galaxy: The making of
      typographic man*. Toronto: University of Toronto Press.

   .. container::
      :name: ref-mcluhan-fiore-1967

      McLuhan, M., & Fiore, Q. (1967). *The Medium is the Message: An
      inventory of effects*. London: Penguin.

   .. container::
      :name: ref-menser-aronowitz-1996

      Menser, Michael, & Aronowitz, S. (1996). On cultural studies,
      science, and technology. En S. Aronowitz, B. Matinsons, & M.
      Menser (Eds.), *Technoscience and Cyberculture* (pp. 7-28).
      London: Routledge.

   .. container::
      :name: ref-morozov-2009

      Morozov, E. (2009). Moldova’s Twitter Revolution. *Foreign
      Policy*, *7*.

   .. container::
      :name: ref-pickard-2006

      Pickard, V. (2006). United yet autonomous: Indymedia and the
      struggle to sustain a radical democratic network. *Media, Culture
      & Society*, *28*, 315-336.

   .. container::
      :name: ref-postman-1985

      Postman, N. (1985). *Amusing Ourselves to Death*. New York:
      Penguin.

   .. container::
      :name: ref-rodota-1997

      Rodotà, S. (1997). *Tecnopolitica*. Bologna: Il Mulino.

   .. container::
      :name: ref-toret-2013

      Toret, J. (2013). Tecnopolítica: la potencia de las multitudes
      conectadas. El sistema red 15M, un nuevo paradigma de la política
      distribuida. *IN3 Working Paper Series*.

   .. container::
      :name: ref-trere-2012

      Treré, E. (2012). Social Movements as Information Ecologies:
      Exploring the coevolution of multiple Internet technologies for
      activism. *International Journal of Communication*, *6*.

   .. container::
      :name: ref-turner-2010

      Turner, D. (2010). Censorship envy and licensing.
      http://ur1.ca/21pai.

   .. container::
      :name: ref-van-loon-2002

      Van Loon, J. (2002). *Risk and Technological Culture: Towards a
      Sociology of Virulence*. Abingdon: Psychology Press.

   .. container::
      :name: ref-wolfson-2014

      Wolfson, T. (2014). *Digital Rebellion: The Birth of the Cyber
      Left*. Champaign, IL: University of Illinois Press.

.. [1]
   No traducimos *libertarian* para no confundir con libertarias de raíz
   anarquista. (Nota de la traducción.)
